GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE LA RIVERA
Tarde del jueves, 26 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Carriquiri, para un mano a mano entre 

Diestros

Entrada: lleno. 

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País, ABC


PortalTaurino. Micky Rioja.  Los Carriquiris aguaron la fiesta

Se esperaba con gran interés el mano a mano entre el ibicenco y el granadino que sin lugar a dudas son los toreros de moda en esta temporada, los toros del jarrero Antonio Briones, resultaron poco aptos para el lucimiento de los toreros, se devolvió uno por falta de fuerzas, pero no debió ser el único, una verdadera lástima porque a este hombre se le aprecia en La Rioja y el interés de esta corrida a parte del mano a mano, también se centraba en la ganadería. Los toros no fueron colaboradores de los toreros y salvo el primero más manejables que llegó con más son a la muleta, los demás justitos y defendiéndose, con la cara arriba y mansotes, sin acabar de entregarse. 

Antonio Ferrera, que cuenta en Logroño con una Peña que le sigue con verdadera devoción, estuvo en su línea, siempre entregado con ganas de agradar, exponiendo en banderillas y siempre justificando su puesta en el cartel, es un torero que no da nada por perdido y que intenta, absolutamente todo y de todo con cada uno de sus oponentes. En el primero estuvo lúcido y sacó lo que el toro tenía, buenos momentos con ambas manos destacando su toreo en redondo. El tercero se dejó hacer más por el pitón izquierdo y no dudó ni un instante el matador en ponerse la muleta en esa mano y sacar lo poco que pudo hasta que el toro se paró. En el quinto más de lo mismo con un sobrero al que igualmente no le sobraban fuerzas. 

El Fandi quizá estuvo más apagado que en otras ocasiones, pero a ciencia cierta que lo intentó todo, el que se dejaba por ambos pitones, con las dos manos, el que se dejaba por uno, con la correspondiente siempre con ganas de agradar y con motivación suficiente para que el público que paga no salga defraudado de la plaza de toros, no fue su tarde con la espada, incluso se deshizo de un par de toros con sendos bajonazos llegando en una ocasión a asomar el estoque. Lástima, porque después de haber cortado una oreja en su primera actuación en la feria, el interés por volver a ver a este muchacho, era patente.

En banderillas ambos estuvieron bien, con algunos pares con mucha exposición y consintiendo mucho a sus enemigos, de poder a poder, con derroche de facultades, al violín, moviola, saltitos en la cara y demás del repertorio de estos dos matadores. Escalofriante un par por los adentros de Antonio Ferrera.

En definitiva un cierre de feria, peor de lo esperado en el que el público supo valorar la entrega y las ganas de agradar de estos dos jóvenes toreros.

El País. PABLO G. MANCHA. Un bostezo

La última corrida de la feria de Logroño acabó en un prolongado bostezo que duró cinco toros. Fue un bostezo largo, acompasado a veces por el atronador eco que produce la alambicada cubierta de este macizo coso en el pasodoble cañí; un bostezo tamizado de final de feria que enviaba su rumor, su eco, por las faldas del monte Cantabria y que se dejaba escuchar gracias al sórdido estupor que produce la fiesta de los toros sin emoción ni toros. Salió el primero de la tarde, un toraco de preciosa lámina, de testuz rizada y con dos ofensivos pitones coronando su agresivo trapío. Se hizo presente Antonio Ferrera y se lo sacó al tercio cargando la suerte, ganando terreno y ajustándose en el mismo platillo con una media verónica seca y contundente. El toro se empleó con fijeza en el caballo y embistió como una locomotora en banderillas. Ferrera quebró en un par -el último- muy comprometido porque le dio todas las ventajas. En la muleta, el toro se mostró codicioso y boyante y el diestro pacense, en vez de mirar a otro lado, le plantó cara y le ofreció un reto cuerpo a cuerpo. Así, la faena resultó emocionante, porque a mitad del muletazo, el carriquiri se quedaba más pendiente de la pierna del diestro que de los vuelos del engaño. Jugó muy bien la mano diestra, sobre todo en la tanda en la que abrochó la primera parte de la faena, en la que logró muletazos rítmicos y cadenciosos que presagiaban una tarde triunfal. Ferrera no se amilanó hasta el final, cuando tiró todo lo hecho por la borda al endilgar un feo bajonazo que derrumbó al astado sin puntilla, pero que le valió para apuntarse una oreja de tono menor, la última de la feria.

En ese momento se acabó la corrida y comenzó el bostezo, del que sólo se salvó la bella tanda de naturales con la que Ferrera se ajustó en el tercero, un toro muy débil y protestado, pero que al final se mantuvo en pie. En el último que despachó, Ferrera parecía ya sumido en la decepción. El sobrero, de Juan Manuel Criado, tenía alma de marmolillo y no fue apto ni para las banderillas, tercio que en una corrida de matadores expertos en estas lides pasó completamente inadvertido.

El Fandi, que ya sabe lo que es triunfar en esta plaza, lo intentó todo. Toreó de pie, de rodillas y hasta de costadillo, pero los tres oponentes que estoqueó resultaron infames. Salían al ruedo recorriendo el anillo, desentendiéndose de la lidia y mostrando un espíritu esquivo que no les dejaba repetir ni una sola vez con algo parecido a la codicia.

Con su primero realizó un ejercicio casi metafísico: hacer embestir a un ejemplar que sólo buscaba la huida y que no para nunca de anhelar los terrenos donde se sentía más cómodo: las tablas. En el cuarto desplazó la muleta siempre hacia afuera, y aunque consiguió cierta ligazón, el resultado fue anodino. Llegó el sexto, la noche caía sin remisión por los tejadillos de La Ribera, y el bostezo se había adueñado definitivamente de la corrida. El Fandi puso de nuevo su voluntad en la palestra, pero el carriquiri no quiso dejar mal a sus hermanos y se mostró indolente.


ABC. A.G.ABAD. Traca final con pólvora mojada

La Feria de San Mateo no tuvo traca final, la mecha no prendió y la pólvora estaba mojada. Decepcionó el mano a mano entre Antonio Ferrera y El Fandi porque fallaron los toros de Carriquiri con su mansedumbre, pero también los toreros tuvieron su parte de culpa.

Se esperaba una explosión de júbilo y alegría, de toreo joven y fresco, de ambición, de espectáculo en definitiva; y nos encontramos con un preocupante adocenamiento.

La corrida de Carriquiri, con el sobrero de la divisa de Juan Manuel Criado, lidiado en quinto lugar, no ayudó, es cierto, pero tampoco pueden dar una imagen tan pobre dos de los toreros que han sido novedad en la temporada. Se hicieron quites como por compromiso, los tercios de banderillas como para salir del paso y con la muleta se empeñaron en naturales y derechazos a mansalva; muy pocos buenos, sin variedad ni repertorio. Así, la conjunción de factores hizo que la tarde pesara como una losa para el público que cubrió la plaza de la Ribera en sus tres cuartas partes.

Sin embargo, la corrida comenzó bien con el mejor de los toros enviados por el ganadero riojano Antonio Briones para su debut en Logroño. Antonio Ferrera toreó muy pausado a la verónica y compartió el segundo tercio con El Fandi. Se acopló enseguida con la buena embestida del carriquiri toreando con la mano derecha. Hubo más profundidad por ese lado que en dos series de naturales que resultaron desiguales. Limpieza y majeza en la fulminante estocada y una oreja para el esportón del extremeño, que al final sería lo mejor. Fue ovacionado en los otros dos de su lote.

En el tercero, un inoportuno desarme rompió el ritmo de la faena que tuvo algún pasaje notable en el toreo con la mano izquierda, y con el quinto las cosas no mejoraron en una labor en la que faltó acoplamiento.

El segundo manseó más de la cuenta y su huidiza condición no aconsejaba que los matadores cogieran los palos. Fue una de las muchas cosas que se hicieron porque sí durante la plomiza tarde. Intentó meter al toro en la muleta El Fandi, pero el esfuerzo no dio buenos frutos. Levantó algo los ánimos con las banderillas en el cuarto y todo resultó un espejismo. El toro demostró poca bravura en el caballo, pero se arrancaba con la alegría a la muleta que tomaba sin excesivo celo. El Fandi le dio sitio aunque los muletazos resultaban deslavazados, inconexos. Un trasteo falto de consistencia que no se arregló ni con los molinetes de rodillas ni, mucho menos, con el bajonazo final. En el sexto, la cosa no levantó el vuelo con el festejo ya imposible de enderezar. Silencio en los dos primeros y aplausos en el que cerró plaza fue el balance del granadino.

 

 
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