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Corrida de abono
Feria de Begoña
PLAZA DE
TOROS DE EL
BIBIO
GIJÓN
Tarde del miércoles, 14 de agosto del 2002
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Luis
Algarra, nobles y justos de fuerzas.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC
ABC.
JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES.
Rivera Ordóñez puso pasión y ganas,
pero Morante dibujó el toreo
El tiempo -verano lluvioso y frío- se
arregló en Asturias, justo para la Feria de Begoña gijonesa. Temperatura
agradable, después de un estupendo yantar en «Riscal» y el reencuentro con el
precioso coso del Bibio, cuando los aromas del café están todavía con
nosotros.
El toro de Luis Algarra, que abrió plaza, no tenía ningún recorrido.
Finito de Córdoba estuvo preciso en los tanteos; sufrió enseguida un desarme y
a continuación toreó para fuera. Se difuminó la obra y, encima, anduvo mal
con los aceros.
El cuarto tenía muy poca fortaleza. Se cayó en los primeros compases
muleteros. Finito lo fue sometiendo poco a poco a base de torearlo a media
altura y cuidar de sus escasas fuerzas. Logró mantenerlo en pie y hasta
consiguió algunos pases estimables, con las dos manos, muy bien rematados y
alejados de los vicios en los que suele caer. Lo malo es que volvió a fallar a
espadas.
El primero de los toros de Rivera Ordóñez fue un ejemplar nobilísimo.
Seguramente, Francisco pudo haber estado mejor, dadas las condiciones del rival,
pero no se le pueden negar sus ganas, su tesón, su toreo de muleta pequeña y
en corto -de otros tiempos- que hacen válido y positivo su hacer, iniciado con
tres largas cambiadas en el tercio y proseguido con unas verónicas de lo más
artísticas -recalco lo de artísticas-, rematadas con media logradísima. La
faena de muleta tuvo los inicios de unos prolegómenos en los que anduvo a la
res con galanura y la garra de una serie de naturales como base. En algunos
momentos prevaleció la voluntad y el querer ser sobre el buen toreo. El diestro
mató con fortuna y logró las dos orejas, quizá la segunda de ellas, pedida unánimemente,
fuera algo generosa. Rivera Ordóñez veroniqueó con decisión al quinto toro y
mezcló las ganas con la espectacularidad en el trasteo muleteril. Se le vio una
decisión que últimamente no se le veía.
Morante de la Puebla se limitó a cumplir con un tercero de escaso recorrido.
Su tarea no pasó de gris.
Dibujó una preciosa labor en el sexto con la muleta siempre tersa,
planchada, templada, rítmica y las muñecas desmayadas y sueltas en trance de
inspiración. Siempre con el goce del buen toreo de principio a fin. Hubo
retazos de sevillanía y fue una lástima que no acertase con los aceros a la
primera. Debió de dar la vuelta al ruedo que prácticamente con la ovación pedía
toda la plaza, aunque no lo exteriorizase. Una pena, porque hubiera compartido
la salida a hombros con un resurgido Rivera Ordóñez.
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