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REAL PLAZA DE TOROS DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA
Tarde del domingo, 20 de julio de 2008

 

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cinco toros de Torrestrella y uno de La Palmosilla. Correctos aunque muy dispares en presentación que resultaron bajos de raza y con las fuerzas justas en general. 1º un marmolillo, 2º mirón, 3º (La Palmosilla) que se defendió, 4º mirón y parado, 5º manejable y 6º soso sin transmisión. 

PESOS: 560, 535, 530, 500, 480 y 490 kilos

Diestros: 

Cuadrillas: Curro Robles saludó tras buenos pares al segundo. Manuel Molina y Pablo Delgado en el tercero en banderillas y destacó en la brega Curro Molina que también se desmonteró en el sexto.

Palco: Presidió Ana Alonso; Asesor Veterinario Antonio Ruiz López y Asesor Taurino Antonio González

Tiempo: Tarde agradable con algo de viento.  

Entrada: Media plaza.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino.com


PortalTaurino.com. EMILIO TRIGO. El Cid cortó una oreja y brillaron los de plata.

Una terna repleta de varios y ricos ingredientes con las primeras figuras del escalafón, pero que causó escasos estímulos en los aficionados del Puerto. El mismo cartel se dio el año pasado en la Real Maestranza para abrir oficialmente la temporada el domingo de Resurrección y en aquella ocasión la respuesta fue de “lleno de no hay billetes”. ¿A qué se debe este cambio de actitud entre los entendidos del torero? La respuesta es evidente ya que los toreros están muy vistos y hace falta una importante renovación en esto. Lo cierto es que El Cid cortó una solitaria oreja y la tarde fue para los banderilleros. 

El sevillano conectó con el público al recibir con el capote al segundo de la tarde, con cadencia y armonía, pero aún mejoró su manejo en el garboso quite por chicuelinas. El Cid estoqueó, y vaya de antemano de buena estocada, a un morlaco que lo miraba asediándole de arriba a abajo con mucha guasa, siempre observando la ubicación del saltereño que destacó en el toreo al natural. Hubo conjunción y largura pero sin poder romper por bajo por las justitas fuerzas de su rival y con la diestra algunos muletazos aislados con finura. Lo más relevante fue el entusiasmo con el que afrontó el compromiso. El quinto resulto ser el más enclenque de la corrida por ello más manejable en general aunque protestado por el escaso trapío. Manuel Jesús hizo una faena de ascendente a descendente y al contrario del segundo manejó mejor la derecha. Por ahí consiguió series con profundidad y transmisión bien abrochadas con el de pecho, ante el rajado. Finalmente lo estropeó con la espada, aunque consiguió la ovación del respetable.

Ponce lanceó al primero con tanta suavidad que no dijo nada por la falta de gas del toro y para colmo una varita, y el Torrestrella al suelo sin más remedio. La faena del fofo de los Domecq -por decir algo- ni existió porque el voluminoso astado no se desplazaba ni un par de zancadas. Desde el inicio quiso echarse y rajarse sin dar opción alguna al valenciano. Con el otro sí hubo lucimiento con la capa al recibirlo por verónicas, y al que también se cuidó como a todos en el caballo. Lo brindó al público sabedor de las pocas fuerzas de su enemigo, pero tras buscar los terrenos menos molestos por el viento exprimió lo poquito que el toro tenía dentro. Demostró paciencia y conciencia para sacar agua de donde no había, con medios muletazos por ambos pitones muy templaditos. Lo que pudo ser lo perdió por la espada ante el mirón cuarto.

El invitado ganadero de La Palmosilla transmitía en el inicio de la lidia y un Castella inteligente contribuyó a ello mimándolo en el caballo de picar. A renglón seguido esculpió con empaque varias chicuelinas muy aplaudidas, y brindó a los presentes. Con la franela en la mano inició su trasteo con unos estatuarios muy ajustados que encajaron bien en los tendidos. Después no se entendieron ni toro ni torero, porque uno se quería najar a tablas y el otro no pasó de correcto para estar por encima de su oponente que mató de gran estocada. El final del festejo no cambió el discurrir de la tarde ante un noblón sin emoción que era más soso que una ensalada sin vinagreta. El galo porfió intentándolo todo, pero valió de poco.