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REAL PLAZA DE TOROS DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA
Tarde del viernes, 15 de agosto de 2008
Corrida Goyesca

 

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros del Ganadería Marqués de Domecq. Bien presentados, serios, con cuajo y encastados en su mayoría que dieron juego variado, destacando el gran 4º que fue indultado por calidad, nobleza y bravura. 1º molesto, 2º se dejó, 3º encastado, 5º enrazado y 6º complicado. Se indultó el cuarto toro de nombre "Insensato", nº 55 de 510 kg, nacido 01/2004 y de capa negra. 

PESOS: 520, 530, 510, 510, 580 y 500 kilos.

Diestros: 

  • Pepín Liria: Ovación con saludos y dos orejas y rabo simbólicos en el indultado.
  • Javier Rodríguez: Silencio en ambos.
  • Jesuli de Torrecera: Oreja y ovación con saludos tras aviso y leve petición.

Cuadrillas:  Carlos Casanova destacó en la brega del primero. 

Palco: Presidió Rafael Sestelo; Asesor Veterinario Pedro Marín y Asesor Taurino Antonio González.

Tiempo: Tarde agradable con algo de viento.  

Entrada: Más de un cuarto de plaza.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino.com


PortalTaurino.com. EMILIO TRIGO. Un Lira pletórico se despide con indulto en El Puerto.

Desde luego vaya por delante nuestros deseos de una pronta recuperación para Fernando Cámara volteado gravemente en el día de ayer en Málaga, pero con todos los respetos para Javier Rodríguez el cartel se podría haber rematado de mejor forma para la despedida de Liria. Lo cierto es que el sobresaliente del mano a mano, sin hacer un quite el pasado domingo repite en esta plaza, y otros toreros que merecían mejor trato, como el portuense Alejandro Morilla que triunfó el año pasado y que vendrá en la última del ciclo, se queda sin opción a volver otro día, incluso el sevillano Salvador Cortés hubiera encajado perfectamente después de quedarse fuera de El Puerto. Realmente es complicado cerrar un cartel con tanta prisa, pero Serolo ha demostrado que sabe trabajar bien en poco tiempo y hacer una buena temporada de verano, pero hoy por hoy, no ha sido demasiado justo con las circunstancias.

Desangelada y triste se encontraba la Real Plaza en la fecha más taurina del año, inundada por la sensación de haber acabado la temporada el pasado domingo, con tan sólo un cuarto escaso del aforo para ver la goyesca. ¡Los que no fueron se lo perdieron!. Esta escasa repercusión del público fue alimentada por el favoritismo de la empresa al incluir al sobrino de Rodríguez y repito -con todos los respetos hacía el matador que es el que menos culpa tiene de esto- pero las cosas se deben y pueden hacer mucho mejor.

Lo más importante de la corrida llegó con el ecuador cumplido, con el segundo del lote de Pepín. El murciano se plantó de hinojos en el tercio para recetarle un par de largas cambiadas muy ceñidas y un bello ramillete de verónicas. Nuevamente brindó su toro a los todos los asistentes, tras una vara en la que el toro se empleó con fijeza, resultando una faena llena de emoción, transmisión y buen toreo ante el encastado y bravo cuarto. Pepín le expuso y le pudo al bravo desde el principio, hasta se llegó a abandonar realizando una labor larga, fajándose con el del Marqués en la que hubo variedad, profundidad y mucha ligazón. Su toreo fue muy emotivo por ambos pitones, adelantando la muleta y trayendo al toro embebido desde el inicio del muletazo con un toro que era una máquina de embestir a estas alturas. Con la diestra abrió el compás, corrió la mano y ligaba como si se tratara de un carrusel y con la izquierda sus naturales fueron muy hondos, puros, largos y muy exigentes bajando la mano hasta arrastrar la mitad de la pañosa por el amarillo albero. Todo lo hizo con gran torería y verdad, para disfrute de los aficionados rematando tan bella obra con pases de la firma, trincherillas y algunos de desprecio para enmarcar, levantando al público de los asientos en más de una ocasión. Terminó la gran obra con el toro en los medios –boca cerrada- y sin parar de embestir con toda su nobleza intacta pero con un torero que se jartó de torear y demostrando la gran plenitud que ha alcanzado en el adiós de su carrera. 
Molestado por el viento y el calamocheo de su oponente recibió Liria al primero de la tarde con el que no pudo lucirse a la verónica. Después tras brindar al respetable fue desglosando una faena interesante por la decisión con la que la planteó, superando las dificultades del desclasado. No hubo dudas, con algún desmallado de mérito por el pitón derecho -por donde nunca humilló- ante un toro que se metía por dentro y se venía cruzado entre muletazos mirando a su matador. Labor a la que le faltó transmisión, aunque Pepín estuvo muy por encima de su primero. 

El tercero de la terna, Torrecera, se mostró muy animoso con el capote desde el inicio, tanto en el recibo como en el quite por navarras y también se apuntó al carro del brindis al público. Jesuli planteó su labor en las rayas del tercio, al encastado y violento que destapó su lote, sin poder salir a los medios por culpa del viento. Tuvo un toro difícil que tomaba la muleta de forma dispar y al que había que meterse con él, algo que hizo el gaditano a mitad de faena. Fue un quehacer ascendente en firmeza, con valor y demostrando solvencia, basada principalmente por el pitón derecho arrancando la oreja a base de apostar y arriesgar. El último era un toro muy duro que punteaba con el pitón contrario y tenía malas ideas en la muleta de Torrecera. El diestro de la pedanía jerezana estuvo otra vez firme y capaz ante el más difícil de la encastada corrida, jugándose la cornada en cada embroque. Demostró cualidades para salir de donde está, mereciendo mejor trato de las empresas por disposición y con toreo muy definido del gusto de los ortodoxos ante un verdadero pavo muy serio que fue aplaudido de salida. Perdió la oreja por pinchar antes de la estocada. 

Al primero de Rodríguez casi lo matan en varas,-el único toro que ha recibido tres varas en todo el ciclo- un toro que tenía las puntas para adelante y al que Jesuli en su turno le instrumentó un bello quite por delantales. El presidente Sestelo con buena sensibilidad cambió el tercio de banderillas evitando males mayores a la cuadrilla para a reglón seguido, brindarlo el valenciano a los presentes. Le puso mucha voluntad pero siempre estuvo a merced del astado, algo que no se le puede reprochar a quien no torea, además se llevó una fea voltereta en los medios de la que no pasó a mayores. Regresó afanosamente a la cara del toro en el centro del ruedo intentado hacer cosas ante el manejable de su lote pero muy limitado por el fuerte compromiso. Javier Rodríguez se llevó un buen toro encastado y que exigía estar a la altura -quinto- con el que no pudo nunca. Lástima que no le tocara a Jesuli, pero la realidad es que tuvo demasiado motor y un torero que no lo veía por ningún lado sin corazón y desbordado, que nos hizo pasar un mal rato. ¡Está vez no hay excusas!