En esta corrida del verano taurino barcelonés abrió plaza, con un
bravo y codicioso ejemplar de Río Grande, el rejoneador Leonardo Hernández,
medido en los rejones de salida y poco afortunado en banderillas, con
varias pasadas en falso y sin acoplarse con la excelente embestida de la
res, a la que, en el definitivo envite, liquidó de mala manera de un feo
rejonazo. Tardó en entrar en calor con el de Los Bayones, haciéndolo en
banderillas, aunque saliese muy rápido de las suertes, sin que el astado
siguiese a las cabalgaduras. Sin embargo, su actuación fue más vistosa y
vibrante que la anterior. A la tercera, el rejón de muerte en su sitio
acabó con la vida del animal.
El primero de El Cid, renqueante y flojo, fue devuelto a los corrales y
sustituido por un sobrero de Criado Holgado, de desarrollada cornamenta,
al que El Cid instrumentó de salida una buena tanda de verónicas,
refrendadas en el quite. En la faena de muleta el trasteo en los medios
tuvo buen corte, pero también un acople intermitente, fallando finalmente
con los aceros. El quinto llegó al último tercio dando muestras de
invalidez, pero El Cid captó su buena condición y lo toreó espléndidamente
al natural en los medios, base de una faena de muy buen tono, rematada con
una casi entera tendida que puso en sus manos la única oreja de la tarde.
El tercero, flojo pero con buen son, fue veroniqueado con aguante por
Luis Vilches, que confirmó un toreo de clase, sobre todo por el buen pitón
del toro, el derecho, aunque también se lo pasase con la zurda. Una gran
estocada al encuentro no fue refrendada con el descabello hasta el tercer
intento. El sexto manseó en varas, empañando la favorable impresión
dejada por sus hermanos de camada, a pesar de lo cual Vilches le hizo un
buen quite por chicuelinas, con el animal gazapeando. No obstante, en la
muleta el astado mejoró y Vilches comenzó la faena rodilla en tierra
hasta que el animal dejó de acometer con el mismo ímpetu, lo que hizo
que el diestro demostrara, además de torería, valor